Mamá en año pandémico. Del no se qué voy a hacer…al aquí seguimos y vamos bien.

¿Pueden creer que ya paso un año desde que nos dijeron que íbamos a estar en cuarentena solo tres semanas? De un día para otro nos paralizamos, hubo compras de pánico, las escuelas cerraron, nuestra rutina cambió…la vida se aceleró para las que somos mamás: Estar pegadas con los niños y sus tareas escolares, organizar la casa, adelantar la comida porque ahora hay más juntas del trabajo que horas para dormir, el niño está aburrido, hay que idear nuevas actividades, hornear, pintar, yoga, zumba y todo lo que se pueda, prestar el celular porque no terminas tus pendientes…hay que decorar su cuarto, poner un área de estudio, la casa quedó pequeña, ya no tenemos lugar, el internet está del nabo, el recibo de luz llegó el doble, no veo a mis papás o abuelos, ¿qué le pasa a mis vecinos que tienen fiesta o no usan cubrebocas? …noches de insomnio preocupada por la situación económica, no hay tanto trabajo como antes, el crédito de la casa, el día no dura, hoy le grité a los niños hijos y ya no puedo más.

(Respiro porque me entra el sentimiento)

Un año en él nos preguntábamos cómo íbamos a hacer para estar lejos de nuestros padres, abuelos y amigos. Un año en que cada familia aprendió a sobrellevar la situación, el miedo e incertidumbre. Un año en donde muchos perdieron a sus seres queridos, batallaron con sus fuentes de ingreso. Un año en que los padres tratamos que todos estuvieran bien, luchando y haciendo malabares por tener a nuestros hijos seguros y entretenidos…y que a pesar del encierro y trabajo interminable, este tiempo generará recuerdos felices en los nuestros.

Un año en que creíamos que ya no podíamos más…pero pudimos. Un año en donde nos perdimos, pero nos reinventamos y vimos la forma de ser creativas, nos reencontramos, aprendimos (a la brava) de la necesidad de dedicarnos tiempo a nosotras, a nuestro autocuidado, a nuestra salud mental y a abrazarnos a la fe.  Descubrimos que lo más importante está en casa, que una vida simple y pausada es buena, que los hijos crecen y maduran demasiado rápido y que es necesario adaptarse para construir nuevas oportunidades.

¡Apláudete, mamá!, porque lo estamos logrando. Aquí estamos a un año de una pandemia que aún no termina, y que a muchas familias nos mantiene todavía en casa y en alerta.

Creímos que no podíamos, pero aquí seguimos, firmes y con la esperanza en que todo estará bien.

¡Fluye!

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